miércoles, 6 de febrero de 2013

Maquillaje para el alma

Como se trabaja en los talleres gratuitos para pacientes oncologicas. a traves del make-up enseñan a elevar la autoestima. -------------------------------------------------------------------------------- Silvina Schuchner. sschuchner@clarin.com Las mujeres entran tímidas. Algunas tienen pañuelos en sus cabezas o pelucas. Otras todavía conservan su pelo. La mayoría viene acompañada, como para sentirse protegidas. Sus médicas oncólogas o las psiquiatras que las atienden en los hospitales públicos les sugirieron participar del taller gratuito "Luzca bien... Siéntase mejor", un programa de la Cámara Argentina de la Industria de Cosmética y Perfumería (CAPA) que busca fortalecer la autoestima de mujeres con cáncer, ayudándolas a mejorar su imagen para llevar adelante el tratamiento con mayor confianza. En el salón inmenso y antiguo de CAPA hay una mesa larga. Las mujeres se sientan. Frente a cada silla, hay un espejo y una bolsa con productos de maquillaje. Cuando les preguntan cómo fue que llegaron al taller, una se anima y cuenta que está pasando por su segundo tratamiento de quimioterapia. Le habían recomendado venir la primera vez, pero recién se animó ahora. Angela Gaiazzi (67) la mira y asiente. Ella también está realizando su segundo tratamiento. Lleva un pañuelo de seda en la cabeza. Frente a ella, hay una mujer con una larga cabellera rubia que pide que no la fotografíen. Lucila Belmar, sanjuanina, de 59 años, acepta ser la modelo de la maquilladora. Está en Buenos Aires para hacerse el tratamiento y sabe, porque ya le anticipó el médico, que en la tercera sesión va a perder el pelo, que ahora usa corto. La maquilladora, Connie Moreno, les explica para qué se usa cada producto y se detiene en las pestañas y las cejas. "Háganse amigas de los ojos que son un gran aliado -explica-. A veces pueden sentir que no tienen pestañas porque son muy finitas, pero hay que maquillarlas y aparecen". Una de las mujeres exclama sorprendida: "Tengo cejas, tengo cejas otra vez". "Yo soy chicata, me tiembla la mano. Tengo todo en contra", dice Angela con ironía. Connie le retruca: "Pero tenés la fuerza para estar acá". "¿Conocés la canción Resistiré?", le pregunta Angela bajándose los anteojos a la nariz. Hay varias que asienten. "Es mi leit motiv", dice. Cada una sigue en lo suyo, vienen los tips para las sombras, para el rubor, para los labios. De a poco, se van soltando, Angela se anima y se saca el pañuelo y queda al descubierto su cabeza calva. Conversan entre ellas y se miran unas a otras. Se ven cambiadas. "Yo recomiendo máscara de pestañas común, pero si se van a emocionar, mejor elijan una a prueba de agua", aconseja la maquilladora. "Yo me emociono cada dos por tres", dice una y todas ríen. María Inés Siroit, coordinadora del programa, ya está acostumbrada a participar de estos talleres, pero siempre le sorprende cómo las mujeres se van soltando. "Por lo general, están hartas de que les pregunten sobre lo que tienen, vienen acá y por dos horas se olvidan de todo, hasta de su enfermedad. Pierden el pudor, se sienten comprendidas porque están todas pasando por cosas parecidas, y aprovechan para mirarse al espejo y sonreir", cuenta. Para Siroit, "es ideal que participen del taller antes de empezar el tratamiento porque la quimio las cansa y les saca la energía. Y, desde una perspectiva estética, están más preparadas para vencer la caída del pelo". La pérdida del cabello es el fantasma que ronda todos los tratamientos. "Ya me hice la primera aplicación y todavía no perdí el pelo, pero es algo que me tiene obsesionada -cuenta Celia Richetti (74)-. Creo que me va a parecer horrible. Las mujeres somos de vivir en la peluquería", dice y confiesa que ya compró una peluca. A Nora Henrich le toca la parte más difícil del taller: hablar del pelo; en realidad, hablar de cómo verse bien aún sin pelo. Desde hace tres años diseña pañuelos para mujeres en tratamientos oncológicos. Empezó porque una persona muy cercana se quedaba sin pelo y le pidió ayuda. Ella era maestra jardinera, siempre le había gustado la moda, y empezó a jugar con un pañuelo, a buscarle formas, ver de qué manera quedaba mejor. Desde entonces, no sólo se dedica a diseñarlos (www.qydarte.com.ar) , sino que también participa como voluntaria de los talleres para enseñarle a las mujeres cuál es la mejor manera de ponérselos. "Esta es una enfermedad que atenta contra la belleza -les dice Nora sin rodeos-. Nos encontramos con un cráneo que no conocíamos y lo camuflamos. La clave es animarse a estar lindas y no raras, a ser vanguardistas, modernas y a pensar no qué me pongo en el cuerpo sino qué me pongo en la cabeza". Entonces invita a pasar a la rubia que no quería fotos. La mujer duda pero accede y se saca la peluca. Por un segundo queda ahí, frente a todas, desnuda. Nora le pone un pañuelo y la transforma. Y la rubia sonríe por primera vez desde que llegó. A Angela, le coloca una cortina de pelo y una boina. Angela se mira al espejo, y estalla en una carcajada. "¡Me gusta! -ríe-. De acá me voy con un mimo, con la sensación de que se puede". FUENTE: http://edant.clarin.com/suplementos/mujer/2010/04/17/m-02181699.htm

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